¿Por
qué las damas? Siempre se ha
relacionado al tango y a sus intérpretes con el
arrabal, con el under, diríamos hoy, donde no
se ven damas.
¿Por
qué no las minas, las sofaifas, las namis, las
paicas o las grelas?
Hoy,
al menos en Argentina, ya nadie usa la palabra
"damas" como no sea en la puerta
de un baño público.
Hay
una galería de recuerdos, entrañables, que vuelven
a la memoria de los amantes del tango con nombres
gigantescos como Imperio Argentina, que hasta
fue partenaire de Maurice Chevalier, pero después
cambió París por Puente Alsina; Libertad Lamarque
–¡qué percanta la Liber!– que llega a los noventa
con su voz de soprano; Azucena Maizani, la ñata
gaucha; la Negra Bozán, heroína del Maipo; la
Beba Bidart, cuyas gambas hoy siguen taconeando
en las milongas; Amelita Baltar, gran amor del
maestro Piazzola que, con su voz de trasnoche,
puso la "Balada para un loco" en el inconsciente
colectivo; Virginia Luque, para siempre la morocha
del patio; Rosana Falasca, que se quedó con los
aplausos de la "Botica del Angel"; la nipona Ranko
Fujisawa, "geisha del gotan"; Eladia Blásquez,
alquimista del nuevo gotán", voz potente, poeta
del asfalto; Susana Rinaldi, "embajadora lunfa
del gotán"; y más, y Tita, Tita de Buenos Aires,
"paradigma de mujer" que se nos fue hace poco
pero nos dejó tanto. - Adriana Varela,
hija tanguística del gran Goyeneche, se muestra
en cada una de las mujeres elegidas.
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