De
Read, las moscas, el arte.
por Rolando Lazarte - Corresponsal en Brasil.
El lugar del no-lugar. Quiero
acordarme de unas palabras de Herbert Read (*) sobre el arte. Las moscas
incesantes esta tarde de febrero. Manía de citar. ¿Cuál es el problema?
La ficha se perdió. Estará en algún lugar. No importa cual. Lo que
me importa es poder decir ahora lo que quiero.
Con o sin ficha. El arte nos devuelve el lado no comercializado de
la vida. Nuestro lado no mercantil. Aquello que no se puede vender.
No voy a teorizar sobre el arte. No voy a tejer generalidades sobre
este vocablo que, así como está, ya me empieza a incomodar.
Porque "arte" es, para quien no es artista, cualquier cosa que un
artista hace. No importa aquí definir la palabra, sino la cosa. Lo
que es "hacer" arte. O mejor: lo que el arte nos hace.
Un siglo mercantil -y ya no importa si hablamos del siglo XXI recién
inaugurado, o de esta época que, según la historia nos enseña, empezó
cuando el hombre empezó a vender su fuerza de trabajo como medio de
vida--, una época en que cada acto, como también toda omisión, son
vistos desde el punto de vista de la utilidad. Ese es el tiempo en
que vivimos.
¿Para qué sirve? ¿Qué gano con esto? ¿Me conviene o no me conviene?
Las moscas insisten, atmosféricas, en sus increíbles porque repetidas
cabriolas sobre el mate, la pava, el azúcar, la piel-- ese delgado
límite entre un "dentro"y un "fuera"siempre problemáticos.
El arte, decía Read, si bien leí y rememoro, nos trae de vuelta a
nuestro lado no mercantil, no tecnológico. El arte nos devuelve esa
parte de nosotros mismos que se evapora al intentar llevarla... al
mercado. El arte nos trae de vuelta nuestras memorias personales y
más que personales. Vence la necesidad.
La necesidad de éxito. De dinero. De reconocimiento de "los demás",
"el público". Van Gogh lo sabía. No buscaba el éxito. ¿Qué buscaba?
Colores. Ecos profundos en el sentimiento de los hombres. Reverberar
después de muerto.
Pero hay que traer más acá ese arte que es tu propia forma de tocar
la cucharita o abrir la puerta o levantarte y ver a tu lado la misma
mujer y el mismo par de zapatos y la misma ventana de tiempo con sus
letreros luminosos y su cartel "Hotel de Bélgica".
U Hotel Lucho. No importa el hotel. Importa que, como el toro triste
del cuento de Cortázar en Historias de Cronopios y de Famas, hagamos
fuerza para salir del ladrillo de cristal del que los diarios dicen.
Importa... el latido misterioso de la cucharita indemne a las moscas.
El porque sí de su vuelo tintineante en la piel pegajosa. Charly García
orando mutante: "ten piedad de mí...estoy desvaneciéndome sin tu amor".
Ta, ta, ta, ta, ta.
Falta el son de tu guitarra, o un trombón, o una suave voz canturreando
giros en tu oído o en tu esófago hasta hacerse garganta y volver a
encantarte con ese arte.
De Read, las moscas y el arte.
Ya quiso ponérsele al arte una "función social". Y ha de tenerla,
pero descubrila. "Arte político", "Arte revolucionario."Al despegar
el rótulo veo el dibujo de la etiqueta diseñando islas o mares.
En algún lugar suenan las trompetas del Apocalipsis. Que, como quieren
estos tiempos mercadológicos, neoliberales, modernos, ya no serán
angelicales. Apenas implosiones predichas, redichas, desdichas.
En el resto, en lo que queda a la vuelta de los 40, puede haber una
luz, una hendidura. En el recomponer pasos como hilos de telarañas
plateadas cosiendo caminos, amalgamando cristales huecos que resuenan
como campanillas.
Y trayendo el artista para acá, para dentro de la piel que es solo
mía. Tuya. Que delimita únicamente territorios únicos, daremos -ya
dimos-pasos (uno solo, talvez, pero decisivo) de vuelta.
La flecha del progreso... Adelante... Todo es progreso. La letanía
se escucha y adormece. La exclusión incluye más cada vez más. Y la
rendija de lo inútil puede mostrar, virginal, lo mismo de siempre,
de nuevo.
Toca poblar ese territorio. Ese "yo mismo" descartado por el desempleo
y la rápida sucesión de novedades que quiere tornar todo perecible
antes de tiempo.
La expropiación sensorial, la alienación del explotado sea por el
sobretrabajo, sea por el destrabajo, trae de vuelta lo robado. Estamos
atentos. La herencia de los años está intacta.
Vimos el hombre pisar la Luna. Oímos "Twist y gritos" en 1962. El
teléfono, la televisión, el avión, el computador, la internet, los
viajes de mochilero, los cantos alrededor del fuego, el horror de
la guerra, el sueño de una América nuestra ... todo está intacto en
la memoria que el arte preserva.
¿Nostalgia? La argamasa se funde. La arcilla se confunde con los dedos.
Nuestros hijos crecieron. Y las flores siguen en el campo, en el jardín.
Mil veces el miedo. Mil veces la utopía. Mil historias contadas, recontadas,
desencontradas. Rehechas, mal hechas, deshechas. Rehechas.
Como títeres reencontrados. Como tonadas remembradas. Mejor tener
recuerdos que no tenerlos. Ya ni precisamos de drogas. Son ellos los
drogados. Basta un minuto.
Un minuto, nada más.
Y la cofradía de los artistas insiste en la risa. En la
porfía diaria de la comunidad tejida ardua, sólidamente en el transcurrir
de los días hechos a sílaba, a silbo, paso y carrera, cantos y caras.
Persiste. Como la flor en el asfalto. Como la cabeza subsiste a mil
ruedas triturantes y la voz, aquella de donde el pincel y la poesía
brotan, no calla. No puede callar.
¿Qué sería de este mundo sin el arte?
Sin artistas. Si la memoria de cada uno se recompone en los toques,
en colores, melodías, rimas. Risas.
Y una sola vida es esta. Una obra nomás de cada uno. Hecha de sombras
y luces. Reluce. Como una estrella. Única. Sola. Y pieza del rompecabezas
genial. No importa donde. No importa como.
Un día se monta. El día del no lugar es un lugar donde se puede habitar.
LULA,
AMOR Y PAZ * OTRA IMPERDIBLE NOTA DEL AUTOR
Sobre o
Autor:
Rolando Lazarte é
Sociólogo e escritor, professor aposentado da UFPB, doutor em Ciência
(USP, 1993), autor de Max Weber: Ciência e Valores (São Paulo, Cortez
Editora, 2001, 2ª edição); colaborador
de Nação Brasileira El Astillero A Arte
da Palavra.
* Sir Herbert
Edward Read (1893-1968), poeta, crítico, filósofo, escritor e scholar
inglês, nascido em Yorkshire e conhecido por sua postura pacifista-anarquista
e por suas grandes contribuições à arte moderna |