Etimológicamente la palabra filete viene del latín filum (hilo)
y significa 'línea fina que sirve de adorno' Tiene su equivalencia
en el inglés fillet, en el francés filet y en el italiano filetto.
En Buenos Aires se utilizan los términos filete y fileteado porteño
indistintamente, para referirse al arte popular pictórico nacido
en esta ciudad entre fines del siglo XIX y principios del XX y
se denomina fileteadores a los artistas que desarrollaron este
particular estilo plástico.
El filete porteño tuvo su origen en la decoración de carros de
verduleros, lecheros y panaderos, extendiéndose a otros vehículos
de tracción a sangre, para luego pasar a camiones y autobuses.
Mas recientemente, se lo ha utilizado en la arquitectura, ornamentando
bares, restaurantes, interiores de viviendas, muebles y objetos.
Los fileteadores más viejos coincidián en señalar que los primeros
en el oficio fueron Salvatore Venturo, Vicente Brunetti y Cecilio
Pascarella, quienes comenzaron decorando carros con ornatos sencillos.
Más tarde Miguel Venturo, hijo de Salvatore, introdujo los elementos
ornamentales más comunes y una visión renovada de la composicion.
Otros fileteadores importantes fueron Alejandro Mentaberri, Pedro
Unamuno, Andrés Vogliotti, Carlos Carboni, los hermanos Brunetti,
los hermanos Bernasconi, los hermanos Arce, Luis Zorz y León Untroib,
entre muchos que a lo largo del siglo XX fueron aportando sus
formas y su visión personal al oficio.
A finales de 1968, conjuntamente con la progresiva desaparición
del filete de los medios de transporte, se produce su revalorización.
La crítica y el circuito de arte realizan una tardía reivindicación
organizando las primeras muestras de fileteadores en destacadas
galerías de arte.
Menciones especiales merecen el reconocido fileteador, Martiniano
Arce, como el único de aquella época que ha trascendido en el
medio artístico, y León Untroib, como maestro, por su influencia
en los nuevos fileteadores.
Jorge Muscia, discipulo de León Untroib, comienza a exponer su
obra en el circuito artístico a partir de 1984, siendo en la actualidad,
en opinión de la crítica especializada, el más destacado maestro
de su generación. |
La
relación entre el tango y el filete no es casual, ambos
parten de una misma necesidad: la de expresar la nueva identidad
porteña, surgida del maremoto cultural en que se vieron
inmersos nativos e inmigrantes. Tango y filete, como los definiera
el poeta Horacio Ferrer, son hermanos. Esta hermandad artística
se nutre de la filosofía del habitante de la ciudad, expresada
en forma literaria a través de las frases y leyendas que
llevaban los carros y camiones, muchas de ellas extraídas
de tango famosos. Coincidentemente, además de su origen
humilde, ambas artes en un principio también sufrieron
la marginación por parte de la elite cultural. El tango,
considerado vulgar por mucho tiempo, fue excluido de los salones
de la burguesía porteña. Sin embargo, al trascender
las fronteras y triunfar en Europa y los EE.UU. Regresó
a la Argentina ya consagrado definitivamente. Del mismo modo,
el filete en un principio fue ignorado por artistas e intelectuales.
Recién en 1970 se realiza la primera exposición
en la galería Wildenstein de Buenos Aires.
El
éxito de público y crítica marcaba su ingreso
en el escenario del arte. |