La temática del “desencuentro” y del “exilio” se ha perpetuado – y hasta evolucionado –

"Pero antes que Rivadavia y San Martín, era José Gervasio Artigas quien se veía forzado al Exilio"

Hola, mi nombre es Laureano Ralón; soy licenciado ( Simon Fraser University ) y estudiante de Maestría (Université de Nice) en Ciencias de la Comunicación Social. Les escribo para decirles que me encanta el site y para proponer un artículo - que trata la temática del exilio - para su publicación en "El Exilio de Gardel". Uds. me dirán si les interesa, un abrazo desde Niza, Laureano Ralón-

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La Ida y la Vuelta en El Exilio de Gardel.
por Laureano Ralón - El autor es licenciado ( Simon Fraser University )
y estudiante de maestría ( Université de Nice - Sophia Antipolis )
en Ciencias de la Comunicación Social.

La Ida:

Pregunta Tomás Eloy Martinez en La Argentina de Borges y Perón: Memorias del Fin Del Mundo: “¿Quién en la Argentina no se ha sentido expulsado alguna vez: por la soledad, por la miseria, por las amenazas de muerte, por la perturbación de despertar cada mañana en el confín del mundo? Se trata de un planteo que en la conjetura económica y socio-política actual parece adquirir más validez y fuerza que nunca. Sin embargo, vale aclarar que nuestra historia está plagada de desencuentros, que se manifiestan en carácter de “idas y venidas”, “partidas y retornos”, “exilios y revanchismos reivindicatorios”, todos síntomas de un eterno recelo que deriva de la falta de un proyecto de Nación, y que ha afectado primero a poderosos hombres de estado, luego a talentosos artistas e intelectuales, y por último al común denominador de la gente. La cultura del “desencuentro” no es cosa nueva en la República Argentina; data de casi doscientos años, remontándose a las vísperas de la Revolución de Mayo.

La temática del “desencuentro” y del “exilio” se ha perpetuado – y hasta evolucionado – a lo largo de toda nuestra historia como nación independiente. Partiendo del supuesto que exilio y autoexilio son, en líneas generales, sinónimos de “pérdida”, cito a Mariano Moreno como el punto de partida en este análisis, como nuestra primera pérdida histórica. Perseguido y hostigado por los saavedristas conservadores terratenientes, Mariano Moreno renuncia a la Junta en medio de amenazas a su vida, y se ve forzado a un exilio "diplomático"; es el comienzo del final para Moreno y su Revolución, y como para parafrasear a Jorge Abelardo Ramos, el principio de la primera “Contrarrevolución en la República Argentina”. Dice Maria Guadalupe Cuenca de Moreno en una de sus cartas:

“…estas cosas que acaban de suceder con los vocales, me es un puñal en el corazón, porque veo que cada día se asegura más Saavedra en el mando, y tu partido se tira a cortar de raíz, pero te queda el de Dios, pues obrando por la razón y con virtud no puede desampararnos Dios.” [1]

Esta misma contrarrevolución – su voluntad claramente expresa en la voluntad de Buenos Aires de “replegarse sobre si misma” [2] – resulta en la desobediencia San Martiniana, y en el subsecuente exilio del prócer en 1924. Dice Ricardo Rojas del exilio de San Martín:

"Había llegado para San Martín esa hora triste en la vida del héroe, en que la gloria sólo es la pesada carga del renombre cuando perdido el prestigio y el poder los enemigos se ensañan y los amigos se alejan; hora de universal cobardía, en que todas las circunstancias exteriores se conjuran para hacer más amarga la soledad"
 

Pero la historia es cíclica y trece años mas tarde le llega el turno a Don Bernardino Rivadavia. Envuelto en problemas constantes con los poderosos caudillos provinciales, de quienes no logró conseguir la aceptación de una Constitución unitaria-centralista, Rivadavia renuncia en 1827, exiliándose en Europa. Regresa a Buenos Aires en 1834 para enfrentar los cargos políticos en su contra: malversación de fondos, adquisición de empréstitos usureros y la entrega del Alto Perú y de la Banda Oriental, entre otros. Es sentenciado a un exilio inmediato, dirigiéndose primero a Brasil y luego a España, donde fallece el 2 de Septiembre de 1845. Dice Rivadavia desde el exilio:


"Son estos los momentos más tristes de mi vida. Un amigo me instruye sobre la extrema degradación y miseria de mi desventurada patria. No he recibido una sola letra que me consuele sobre la situación de mi esposa e hijos, ni recuerdos de mis amigos... Sin embargo no puedo dejar de pensar constantemente en esa República Argentina que se arruina y degrada cada vez más. Ni sería digno ni posible separar mi ánimo de la contemplación de tan cara y amada patria..." [3]

"Pero antes que Rivadavia y San Martín, era José Gervasio Artigas quien se veía forzado al exilio."
Derrotado en Tacuarembó (1820) y traicionado subsecuentemente por una conspiración entre Buenos Aires y el entonces gobernador de Entre Ríos, Francisco Ramírez, Artigas se asiló en Paraguay, donde vivió protegido por el Dr. Francia durante treinta años hasta su muerte, sordo a los ofrecimientos y reiteradas invitaciones para regresar a su patria. Dice el “El Protector de los Pueblos Libres”:
 

"Me he visto perseguido, pero mi sentimiento jamás se vio humillado. La libertad de  la América forma mi sistema y plantearlo mi único anhelo. Con todo no hay circunstancias capaz de reducirme a variar de opinión. Esclavo de mi grandeza, sabré llevarlo al cabo dominado siempre de mi justicia y razón. Un lance funesto podrá arrancarme la vida pero, no envilecerme. El honor ha formado siempre mi carácter; él reglará mis pasos...” [4]


Años mas tarde, durante el régimen del Don Juan Manuel de Rosas, centenares de intelectuales y políticos opositores al Restaurador – Mitre y Sarmiento entre tantos – abandonan la confederación y parten con destino al Uruguay. Dice Ernesto Palacios en su Historia de la Argentina

Mas que una ciudad, como se ve, se trataba de una especie de factoría internacional, con población aventurera y adventicia. En esta compañía heterogénea de agentes internacionales y masónicos, agiotistas, mercachifles, piratas y aventureros de toda laya….los emigrados de la Comisión Argentina pretendían llevar contra su patria la guerra de la civilización…” [5]

Es oportuno aclarar aquí, que la técnica del exilio como instrumento de represión y control no fue de manera alguna una innovación del Rosismo; mas bien, se trató de una herramienta de represión típica del siglo XIX. El 18 de Abril de 1822, Rivadavia promulgaba el infame decreto sobre “vagos y mal entretenidos”,  que se transformaría  en un eficaz instrumento para arrojar a las filas del ejército a los infelices pequeños propietarios a quienes se les codiciaban sus tierras, porque molestaban cuando éstas se encontraban en medio de las grandes propiedades. [6] Vale rescatar que, en vez de obligarlos a portar la “papeleta”, el régimen Rosista optó por asimilar a la “barbarie”, en parte mediante su incorporación en las ligas del ejercito de campaña, los Colorados del Monte. Lo irónico es que el exilio como instrumento de control de  la oposición continuaría con la vuelta de los “demócratas” después de caseros. En su libro Juan Moreira (1880), Eduardo Gutierrez le atribuye el puntero Alsinista el siguiente párrafo:

“al punto dese por muerto si el alcalde lo bolea...porqué ya no hay salvación, y que usté quiera o no quiera, lo mandan a la frontera o lo echan a un batallón. Y cuando vuelve, si vuelve, ya el campo de sus mayores está en otras manos con título urdido ante Juez.”

La diáspora de intelectuales exiliados en el Uruguay durante el Rosismo sólo retornaría a la Argentina después de Monte Caseros, cuando Rosas se ve forzado a la misma suerte y parte hacia un exilio de 137 años en Southampton.

Con el retorno de los “demócratas” la técnica del exilio no parece modificarse sino intensificarse. Al viejo y arrepentido Juan Bautista Alberdi, quien durante sus últimos años de vida se convierte en un feroz opositor del Mitrismo, dedicándose desde Francia a denunciar los abusos de la guerra contra el Paraguay, se le pide que no vuelva a la Argentina. Su exilio facilitará su “sepulcro histórico” por parte del Mitrismo. Dice Arturo Jauretche:

“Alberdi fue siempre enemigo de Mitre y lo hizo picadillo históricamente, como a Sarmiento. Esas páginas de Alberdi no son bien conocidas. Circulan, en cambio, todas las atrocidades que escribió en su juventud contra los criollos y a favor de los ingleses. (La oligarquía no sólo tiene la manija del poder, sino la bocina de la gloria. Así, lo han maquillado a Alberdi para mostrarlo a los jóvenes con la cara preferida por la oligarquí liberal. Sólo se habla de ‘Bases’ en la liturgia conmemorativa. Y ‘Bases’ no es el pedestal de su estatua, sino la lápida de su sepulcro.” [7]


Desde el principio del siglo XX y hasta 1955, el exilio por opción o “auto-exilio” se exhibe como substituto del exilio por la fuerza. Una vez finalizado su mandato, Alvear decide por cuenta propia volver a su querida París, aunque podría argumentarse que su exilio halla sido en Buenos Aires durante lo que duró su mandato.
Hacia 1951, al escritor Julio Cortázar no lo dejaban pensar los bombos Peronistas y emigraba a París, de donde jamás regresaba.

Pero la tendencia vuelve a revertirse a partir de 1955, de la mano de la Revolución Libertadora, cuando Perón es expulsado por sus antiguos camaradas de armas. Veinte años después, durante los años de plomo en la Argentina, José López Rega dictaba órdenes cotidianas de expulsión a diputados, actores, periodistas y cantantes sospechosos de profesar el "judeo-marxismo", en una emulación infame del McArtismo. Y como bien describe Eloy Martinez,

“Los militares que lo sucedieron convirtieron la manía de expulsar en un frenesí y desparramaron a más de trescientos mil argentinos por el mundo…Borges, que había sobrevivido a todos esos desaires de la suerte, se dejó vencer por un incomprensible movimiento del alma, y meses antes de morir, también el partió.”

Con el retorno de la democracia, se le dice “nunca mas” al exilio, pero parece volverse una vez mas del exilio por la fuerza al auto-exilio. Con la instauración del 1 x 1, miles de Argentinos veranean en Miami, en lo que resultaría ser una especie de anuncio de una muerte anunciada.

Finalmente, con la implosión del modelo Neoliberal Menemista, la tendencia emigratoria se intensifica dramáticamente, alcanzando registros sin precedentes. El “vaciamiento de cerebros”, como se denomina la emigración masiva de mano de obra especializada que ocurrió en la Argentina durante los años 2000, 2001 y 2002, es hoy un problema serio. El año 2002 quedará en la historia como aquel en que emigraron más argentinos. Pese a la relativa estabilidad que fue alcanzando el país a lo largo del año, el éxodo siguió creciendo: hubo 89.680 personas que salieron de Ezeiza y no volvieron, una cifra superior a la de los años 2000 y 2001, que ya habían sido un récord. [8]

La vuelta:

Hace algunos días, sin embargo, un estudio realizado entre 400 estudiantes de universidades estatales y privadas por el sociólogo Alejandro Piscitelli Murphy, de la Universidad Austral, y publicado por La Nación [9] , revela que el porcentaje de jóvenes que tiene intenciones de emigrar al exterior parece haber descendido. El estudio arrojó, entre otros, los siguientes resultados:

En mayo de 2002, el 40% estaba de acuerdo con establecerse en otro país, y un año después -en mayo último- esa proporción bajó al 28 por ciento.

Aumentó casi un 30% el número de estudiantes que no quiere radicarse en el exterior. Del 46% que no quería hacerlo en 2002, se pasó al 58% en 2003.

El 48% cree que el país mejorará en cinco años, y el 68% considera que su situación personal también será más favorable. En los últimos meses, muchos lograron insertarse laboralmente, aunque sea a través de contratos temporarios. Y, lo que no es menor, vieron que sus amigos que se fueron "no la están pasando bien y desean volver".

Estos resultados sugieren que el desafío actual se refiere, no a como revertir el vaciamiento, sino quizás a como atraer, eventualmente, los cerebros perdidos. Frente a esta posibilidad, una pregunta se presenta ineludible: ¿Que características tendrá el eventual retorno de los hijos de la generación del 70? Perón nos ofrece un indicio en su Carta a los Jóvenes Argentinos del Año 2000:

“La juventud argentina del año 2.000 querrá volver sus ojos hacia el pasado y exigir a la historia una rendición de cuentas encaminada a enjuiciar el uso que los gobernantes de todos los tiempos han hecho del sagrado depósito que en sus manos fueron poniendo las generaciones precedentes y también si sus actos y sus doctrinas fueron suficientes para llevar el bienestar a sus pueblos y para conseguir la paz entre las naciones.”

La historia, por otro lado, nos informa que el retorno de los Argentinos ha expuesto, a lo largo de los años, resultados no del todo positivos. El retorno de Mitre, Sarmiento y “los demócratas”, culminó en una masacre Gauchesca; la vuelta de Perón estuvo mas cerca de consolidar la dependencia que de fundar la soñada Patria Socialista; y “Operación Retorno” tuvo resultados catastróficos.


¿Y que pasa si esta diáspora nunca vuelve? Pues bien, en la humilde opinión del autor, es posible servir a la patria desde el exterior. De hecho, que vivir en el exterior no es incompatible con servir a la patria; es este el verdadero legado de Alberdi: la tercera posición de El Exilio de Gardel.

Hay que recordar que Alberdi tuvo grandes diferencias con Sarmiento en este sentido – diferencias que merecen ser destacadas, ya que su comprensión puede iluminar a los emigrantes de hoy y diferenciarlos de los de ayer. En un proceso similar a la metamorfosis de inteligencia a inteligentzia, Sarmiento y muchos otros, cambiaron su visión internacional para una “internacionalizante”. Dice Arturo Jauretche:

“...se conchabó enseguida con la oligarquía porteña [europeizante] y a pesar de sus ocasionales rebeldías dio expresión literaria a los gustos e intereses de Buenos Aires Alberdi, en cambio, que fue hasta el fin de sus días un europeísta convencido, en su ancianidad comprendió aspectos de la vida argentina que permanecieron inescrutables para Sarmiento.” [10]  

En este mundo globalizado, la impresión que se tiene de nuestro país en el exterior está en parte ligada a las actitudes – y sobre todo a los éxitos – de cada Argentino que vive afuera del país.

Hoy mas que nunca, quienes viven en el exterior son Embajadores de la República Argentina, y nuestro carácter y nuestra performance individual serán para el resto del mundo un reflejo de la capacidad de nuestra patria. Nuestra reputación como país está en juego, y en gran parte, de nosotros depende. En definitiva, se puede ser internacional desde el exilio, sin ser “internacionalizante”.

[1] Ver Carta de Maria Guadalupe Cuenca a Moreno con fecha de 20 de abril de 1811. en "Cartas que nunca llegaron", de Enrique Williams Álzaga, publicado en 1967 por Emecé Editores. ©1967

[2] Declaraciones de Rivadavia; ver Mabragaña, Los Mensajes, 1ro de Mayo de 1822.

[3] Fragmento de la biografía de Bernardino Rivadavia por Juan María Gutierrez. Disponible en la Red: http://www.argiropolis.com.ar/ameghino/biografias/riva.htm

[4] Ver Carta de Artigas fechada del a Sarratea, con fecha del 13 de Febrero de 1813.

[5] Jauretche, Arturo (1968). Manual de Zonceras Argentinas. Ediciones Corregidor: Buenos Aires, p. 63.

[6] En referencia a la Ley de Vagos, fue promulgada por Rivadavia el 18 de Abril de 1822.

[7] Jauretche, Arturo (1968). Manual de Zonceras Argentinas. Ediciones Corregidor: Buenos Aires. P. 86

[8] El Año que Vivimos en Fuga (Pagina 12, 25/5/2003)

[9] Los Jóvenes No Piensan Tanto en Emigrar (La Nación, sección Cultura, 7/9/2003)

[10] Jauretche, Arturo (1968). Manual de Zonceras Argentinas. Ediciones Corregidor: Buenos Aires. P. 86

Buenos días, gracias por publicar mi artículo; verlo en el site me causó un gran placer.
Muchísimas graciar por confiar en mi trabajo - es un halago! Prometo seguir contribuyendo
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