En
la aldea global – sociedad de la información
donde las distancias literalmente se achican y el tiempo
parece deternerse con cada avance tecnológico-mediática
– el “donde se reside”
ha dejado de ser esa variable causal o independiente, condición
sine quanon para “el ser nacional”. Gracias
a las nuevas tecnologías de la comunicación
y de la información que día a día germinan
de Internet, el Argentino en el exterior se encuentra
hoy por hoy más pendiente que nunca de los sucesos
de su patria. En este sentido, el exilio ha dejado
de ser ese fenómeno fragmentario, que divide cuerpo
de alma al extirpar al exiliado de su patria natal, para
pasar a ser un acontecimiento integral, integrador y orgánico,
que permite de más en más estar simulaneamente
aquí y allá.
Como consecuencia de esta evolución, resulta posible
y hasta plausible, hoy más que nunca, servir
a la patria desde el exilio exterior a través de
la militancia. Quién vive en el exterior
tiene una gran responsabilidad para con la militancia; después
de todo, es sabido que en el exilio, el exiliado aprende
tanto sobre su patria que sobre país de asilo, hipétesis
que parece ser sustentada por el pensamiento de Marshall
McLuhan – el “teórico” canadiense
de los medios de comunicación que la revista Playboy
llamó “Sumo Sacerdote de la Cultura Pop”
y “Metafísico de los Medios” y cuyas
expresiones (“El Medio es el Mensaje” y “la
Aldea Global”, entre otras) hoy están en boca
de todos, aún de aquellos que jamás lo han
leído. En su libro Counterblast (1972), el guru de
los medios de comunicación habla de “environment”
y “counter-environment” en referencia a donde
se posiciona el “lector” en la “narración”
de una situación dada. Según McLuhan, toda
situación tiene una la “zona de atención”
y una “zona de des-atención”; la última
es la causa y acapara el 90% de la atención; la primera
es el efecto y acapara 10% de atención; y en definitiva,
el efecto no nos deja ver la causa. McLuhan creía
que, al posicionarnos en ese la “zona de des-atención”,
se lograría un mejor entendimiento de la causa y
de la totalidad fenomeno. Esta idea de McLuhan no hace sino
substanciar la hipótesis arriba mencionada. Norberto
Galasso racionaliza en forma magristral el proceso en cuestión
en su libro, Manuel Ugarte y la Lucha por la Unidad Latinoamericana:
“La lejanía acerca dialécticamente,
y aquella realidad tan enorme que era imposible divisar
de cerca resulta clara a los ojos, tomando distancia. La
vieja broma de que un francés considera a Río
de Janeiro capital de la Argentina, adquiere en cierto sentido
veracidad porque, desde París, las fronteras artificiales
se disuelven, las divisiones políticas se esfuman
y la Patria Grande aparece como una unidad indiscutible
desde Tierra del Fuego hasta Río Grande. Además,
cuanto más lejos de la patria chica – Buenos
Aires, blanqueada por inmigrantes, plagada de libros exóticos,
congénitamente extranjerizante – más
cerca de la Patria Grande, al cesar esa influencia porteña
que distrosiona y empequeñece la visión”
Queda claro que el exilio ayudó a moldear en hombres
como Ugarte, Discépolo, Scalabrini, Jauretche, y
tantos otros, una invariable conducta ciudadana y patriotica.
La experiencia del propio Ugarte, en su vinculación
cotidiana con poetas y novelistas hipanoamericanos en Europa,
no hace sino validar este punto, al demostrar que su magistral
idea de fundar “Los Estados Unidos de Latinoamerica”
tuvo mucho más sentido para él cuando la vió
y la pensó desde el exterior: “Urgía
interpretar por encima de las divergencias lugareñas,
en una síntesis aplicable a todos, la nueva emoción.
La distancia borraba las líneas secundarias, destacando
lo esencial. Además, en París, en Madrid,
era imposible hablar de una literatura hondureña
o costarricense. Había que entregar un compendio
geográfico y mental.
La
imposición de las circunstancias confirmaba el derroteo.”
¿Cómo se explica que la idea bolivariana de
una “Patria Grande” haya sido re-descrubierta
por el propio Ugarte en el centenario, época por
excelencia de una oligarquía triumfante que fomentó
la balkanización territorial en latinoamerica?
La
respuesta es obvia: fue desde el exilio que Ugarte comprendió
la importancia de la unión latinoamericana; no podría
haber sido de otra forma. Años más tarde,
esta creencia fue adoptada por John William Cooke y el mismo
Perón quienes, también desde el exilio, dieron
el famoso “giro a la izquierda” al comprender
que la liberación de la Argentina pasa por la liberación
del continente. |
Todo esto equivale a decir lo siguiente: que la idea de
la unidad latinoamericana (que desde los 90 es llevada
adelante por el Mercosur) nació en el exilio.
De la misma forma, muchas otras ideas y convicciones nacionales
nacieron o germinaron a partir de esa consciencia nacional
que se acentúa con el exilio. Desde París,
Raúl Scalabrini Ortiz rota la alienación
en lo europeo que sufren casi todos los intelectuales
de su generación, vuelve los ojos hacia la Argentina
y re-descubre el talento de nuestro pueblo: “En
Europa ase produjo el máginco trueque de escalafones.
Fue un inusitado cambio de niveles... Comprendí
que nosotros éramos más fértiles
y posibles, porque estábamos más cerca de
lo elemental. La revisión fue brusca y profunda.
Hasta la historia de los hombres de mi tierra se abrió
ante mí como si sus hechos fueran las radículas
procuradoras de la savia del futuro. La probabilidad de
una fe entroncada en el seno mejor regado de mi propia
entraña se expandió súbitamente...Desde
entonces mi fe es la de que los hombres de esta tierra
poseen el secreto de una fermentación nueva del
espíritu.”
Y
algo parecido le sucedió a Discépolo, que
no se desarraigó en Europa sino que por el contrario,
se enorgulleció en todo momento de su condición
de americano del sur, al tiempo que difundía en
Europa la música rioplatense.
De la misma forma, desde el exilio se ven con más
claridad el engaño y la calumnia. Así lo
experimentó hace más de cien años
por Juan Bautista Alberdi quién, al darse cuenta
desde exilio que la guerra de la triple alianza fue dirigida
para destruir al Paraguay (último bastión
de desarrollo nacional autónomo), se dedicó
a hacer picadillos la historia mitrista de ese periodo.
Igualmente, desde su exilio en el Uruguay, Arturo Jauretche
se dedicó a denunciar mediante sus publicaciones
el desmantelamiento de la economía nacional llevaba
a cabo por Federico Pinedo, Raúl Presbisch y Alvaro
Alsogaray y Krigger Vassena durante los ´50 y ´60.
De hecho, fue el exilio quién hizo de Jauretche
el escritor que conocemos, y fue en el exilio que éste
produjo sus más grandes obras. “Jauretche
ha publicado muchísimos artículos y declaraciones
en periódicos de combate pero reciéon será
escritor a partir de un éxito inicial: El Plan
Presbisch. Sale hacia fines de 1955 y las distintas ediciones
se gotan rápidamente. Responde a Raúl Presbisch,
ideólogo de la restauración colonial luego
de septiembre del ´55, cuando la oligarquía
quiere volver a los tiempos del tratado Roca-Rúnciman.”
Luego, en 1957, Jauretche culmina, aún en el exilio,
una de sus más importantes obra: Los Profetas del
Odio y la Yapa, donde critica el gorilismo de Ezequiel
Martínez Estrada y a otros “intelectuales”
que habitan la zona de la neblina: Irazusta y Borges,
entre otros. En el mismo año termina Ejército
y Política, donde abarca la temática del
ejército y su cronología de encuentros y
fugas con la política popular.
Pero si el efecto que el exilio ejerce no es cosa nueva,
la posibilidad de militar desde afuera y poder cambiar
algo es nueva y reciente – razgo inherente a la
aldea global y a la sociedad de la información.
Lo
importante es que los Argentinos que residen en el exterior
se den cuenta que pueden hacerlo – pues
ya no es una tarea reservada unicamente a los Alberdi,
los Jauretche o los Ugarte –, y se unan
en el propósito común de recuperar el prestigio
nacional perdido en los últimos años.
Un
paso importante es romper con los paradigmas: no se trata
de ideologías, o de partidos políticos,
sino de “pensar en nacional” desde el exilio.
Lo he dicho y lo afirmo: se puede ser internacional sin
ser internacionalizante. En la aldea global es posible
ser internacional en alcance pero nacional en método
y escencia, y dado que nuestra influencia desde el exterior
es hoy más grande que nunca, es imperativo que
se aplique a tal efecto. Tomemos a ese gran argentino
que fue Manuel Ugarte como ejemplo y dejémonos
guiar por sus palabras – “ lo que se trata
es de dar en Europa [o en América] una voz y una
fisonomía a la fuerza triunfal de nuestra raza
en formación. Cada personalidad, cada libro, cada
éxito es una piedra ofrecida al edificio. Hay que
conquistar colectivamente un prestigio nacional... La
juventud sudamericana empieza a plantar en Europa [y en
América] su bandera moral.” Pongamos a trabajar
nuestra influencia y nuestro talento al servicio de la
patria; diferenciemonos de los demás e identifiquemos
cada logro con nuestra querida Argentina. Es fundamental
para recuperar el prestigio perdido.
|