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Impagable
chivito al asador |
Una
fábrica de dulce de leche en el sur de Francia.
Un restorán en el que sirven milanesas a la napolitana
y choripanes en Maryland, Estados Unidos. Una carnicería,
en Toronto, Canadá, en la que venden cortes criollos como
la tira de asado y la entraña. Una planta en la que se
elabora soda en sifones, en San Pablo, Brasil. ¿Puntos
en común entre todos esos emprendimientos? Sólo
uno: sus dueños son argentinos que para salir adelante
en el exterior se las rebuscan comerciando sabores patrios.
En el Ministerio de Relaciones Exteriores calculan
que hay alrededor de 600 mil argentinos viviendo en otros países.
Desconocen, sin embargo, cuántos de ellos se dedican al
negocio de la gastronomía. - "En la Cancillería
jamás se realizaron registros de este tipo", explican.
Pero en todos los países en los que hay
una comunidad argentina existen comercios en los que se venden
alimentos típicos de nuestro país. Y los clientes
no son sólo inmigrantes con nostalgia. "El 90% de
nuestros comensales son estadounidenses", cuenta a Clarín
Rosana Ribulotta, dueña junto a su familia del restorán
"El Patio", en Maryland.
En "El Patio" se puede consumir sándwichs
de miga, tostados, lomitos en pan francés, empanadas de
carne, tortilla de papas... Todo lo que figura en el menú
de cualquier fonda de San Telmo.
Angel Ribulotta, su esposa, Valentina, y los hijos
de la pareja -Rosana, Federico y Guillermo- se fueron de Paraná
a principios de los 90. "Mi papá, que era visitador
médico, vislumbró lo que se venía en la Argentina
y decidió que lo mejor era irnos", cuenta Rosana.
Para que los sabores de todos los platos
sean idénticos a los de aquí, los Ribulotta son
dueños también de una panificadora en la que elaboran
pan francés y de miga, medialunas, tortas negras, cuernitos
y tapas de empanadas. "Lo que más nos piden los norteamericanos
son las milanesas a la napolitana y ensalada rusa, dos platos
que acá no se conocen", asegura Rosana Ribulotta.
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Costillares
celestiales esperandonos |
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A
los argentinos nos gusta la buena mesa y las exquisiteces. |
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Parrillada
completa en el exterior |
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El
chivito ya esta en el plato |
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Chorizitos
criollos en Toronto |
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Igualito
que en el barrio
Una
apuesta fuerte fue la que hizo la familia Chiapetta. En 1973 abandonaron
Villa Ballester, donde tenían una carnicería, y
abrieron un negocio similar en Toronto. "Baby beef",
se llama el local. En la pizarra se lee "tira de asado, entraña,
vacío, chinchulines y molleja". Todos esos cortes
-completamente diferentes a los canadienses- son hechos especialmente
para los Chiapetta en un matadero de Toronto.
"Tenemos
muchos clientes argentinos, pero la mayoría son canadienses,
portugueses e italianos", dice Luis Chiapetta. Y agrega:
"También hacemos tapas de empanadas y vendemos productos
argentinos como yerba, Mantecol, dulce de leche y Clarín".
Carlos
Bruscino también decidió dedicarse a las carnes,
pero ya cocidas. Es dueño, en San Pablo, Brasil, desde
1998 de "Mano a mano", un clásico asador criollo.
"Toda la carne que servimos es de Argentina. Tenemos hasta
molleja y morcilla, productos que aquí son desconocidos",
explica Bruscino. Los postres que sirve en su restorán
son los que acá se encuentran en cualquier parte y en Brasil
son extraños: panqueque con dulce de leche, almendrado
y budín de pan.
La
mayor parte de la clientela de "Mano a mano" es brasileña.
Bruscino así lo prefiere: "Yo soy argentino y a mucha
honra, pero a ciertos compatriotas mejor tenerlos lejos. Muchos
vienen acá y se hacen los cancheros. Los brasileños
sí que son educados".
En
San Pablo también se pueden conseguir otros productos que
en Buenos Aires son tan comunes como los taxis con techo amarillo
y allá, rarísimos. "En Brasil se desconoce
la soda en sifón. Hace unos años un argentino empezó
a producirla acá en San Pablo y a distribuirla en algunos
supermercados. Otros argentinos también elaboran empanadas,
pan de miga y mediaslunas como las nuestras", cuenta Héctor
Nemirovsky, presidente del Club Argentino de San Pablo.
Pero
hay más: en el pueblo francés de Vervins, por ejemplo,
la compañía La Franco-Argentine produce "Confiture
de Laite" (dulce de leche). Lo mismo hacen en España
dos hermanos cordobeses.
En
Japón, Ricardo Nakandakari -hijo de japoneses, nacido en
Avellaneda e hincha de Independiente- se dedica a la elaboración
de locro, empanadas, pizzas y tartas. Está en Japón
hace 15 años; se fue para sacar el cinturón negro
de judo y terminó quedándose.
"Por
suerte, a todo el mundo le gusta lo que hago. Japoneses, peruanos,
brasileños, norteamericanos, mexicanos y argentinos",
señala. Como afirman casi todos estos difusores de la comida
criolla en el exterior, Ricardo Nakandakari no transa en el sabor
de sus platos para atraer más clientela: "Mi comida
es ciento por ciento argentina". ¿Será verdad?
Para constatarlo habrá que ir a Japón, nomás...
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