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Fernando "Pino" Solanas es uno de los fundadores del Grupo Cine Liberación, un movimiento que en los años '70 produjo una revolución intelectual y estética en el arte de hacer cine en la Argentina. No solo por el compromiso temático, social y político, sino el abandono de los viejos canones de filmación. Esto fue decirle no a la industria del entretenimiento y si al intento de reflejar en la pantalla una sociedad en crisis, la argentina. En ese entonces se produjo el primer acercamiento a Piazzolla, y los diálogos dieron lugar a un guión cinematográfico para filmar una película cuyo título no dejaba dudas en cuanto a la idea: Adios Nonino. Por distintos motivos, que cuenta el mismo Solanas en la charla debate que protagonizó en el Centro Astor Piazzolla, el proyecto se frustró. Años más tarde, ya consolidado Solanas como realizador, e instalado Piazzolla en el mundo de la música como uno de los grandes compositores del siglo, un nuevo encuentro quedó plasmado en la música de dos películas: "El Exilio de Gardel" (1985) y "Sur" (l988). El primer título puede considerarse como uno de los grandes aportes de Piazzolla al cine. Toda la música fue grabada por el Quinteto y obtuvo los siguientes reconocimientos: "Cesar de Oro" en Francia a la mejor música de película (1986), el Gran Premio a la mejor música original en el Festival de La Habana 1985 y el Premio de la Academia Francesa del Disco al mejor film musical del año.
Las
películas
de Fernando Solanas expresan desarrollos en el discurso de la Izquierda
Nacional Argentina entre 1968 y 1992. Sustentando este discurso
hay una tradición de
pensamiento intelectual y político
que criticaba la dependencia neo-colonial del país y
la injusticia social. Los cambio en el lenguaje y el estilo cinematográficos,
que van alterándose
de una a otra película,
abrevan en tradiciones estéticas
alternativas de compromiso social y expresan giros en el discurso.
Estas películas
manifiestan el proceso de cristalización de
la Izquierda Peronista revolucionaria en los años sesenta,
su incorporación al
grueso del movimiento peronista a principio de los años
setenta, los avateres bajo la dictadura y el exilio, el apoyo al
renaciente movimiento peronista en los años
ochenta y la cruda crítica
al ejercicio de politicas neo-liberales por el peronismo en el poder a principio de los
años
noventa. La
aparición del
movimiento nacional y popular peronista en 1945 consolidó una
alianza de fuerzas políticas
heterogéneas
bajo el carismático
liderazgo de Juan Domingo
Perón que
puso en marcha un Proyecto alternativo al sostenido por la oligarquía terrateniente
y los sectores locales asociados a los intereses foráneos.
Entre esas fuerzas desempeñaban
un papel protagónico
los líderes
sindicales, que por primera vez aparecían
representando a los trabajadores en la escena política
sin los partidos de la izquierda tradicional como mediadores. Algunos
de dichos líderes
lo hacían
motivados por la incapacidad de los partidos en los cuales ellos
mismos militaban, de representar los intereses obreros reales. Las
bases obreras apoyaron a estos líderes,
algunos de los cuales actuaban empujados “desde abajo” por los que
representaban. Como consecuencia se consolidó una
unidad obrera industrial-agrícola
que se apartó de
los códigos
políticos
acostumbrados hasta entonces en la cultura argentina. Entre los
distintos sectores que confluían
en el peronismo resaltaban los desertores del Partido Radical, incapaz
de llevar a la práctica
los postulados nacionalista-burgueses que proclamaba. Grupos intelectuales
veian en la alianza popular que cristalizaba, la oportunidad histórica
de concretar el proyecto alternativo del nacionalismo económico,
mientras que parte de la oficialidad militar vía en
este una cuestión de
seguridad nacional. El
peronismo en el poder puso en marcha un proceso de industrialización basado
en la expansión del
mercado interno y el control sobre las exportaciones. Esta política
expresaba la alianza de intereses entre la nueva burguesía manufacturera
y el proletariado, que obtenía amplios
derechos sociales mientras que sus representantes tomaban parte
en el poder político.
El regimen era autoritario por naturaleza y evitaba la cristalización de
un ala izquierda política
organizada en el movimiento. El peronismo intentaba extender su
hegemonía ideológica
y cultural a toda la sociedad, entrando en conflicto con la oligarquía,
parte de la oficialidad y la iglesia. En
1955 fue depuesto Perón después de
nueve años
en el poder, sin que su gobierno haya sido defendido en forma decisiva
por el proletariado. Durante ese período
no se había permitido
a las masas expresar su apoyo mas que en forma orquestada “desde
arriba” por los sindicatos que se habían
transformado en parte orgánica
del aparato gubernamental. El golpe desencadenado en nombre de la
“democracia” fue apoyado por una amplia alianza de partidos políticos
que incluía los
de la izquierda tradicional, organizaciones sectoriales y gran parte
de la oficialidad. Los beneficiarios directos del golpe eran la
oligarquía y
la misma burguesía industrial
que se había desarrollado
bajo la protección otorgada
por la política
económica
peronista. Esta se incorporaba a la alianza oligárquico-militar
dadas las condiciones adversas que se gestaban en la economía mundial. Exilado
Juan Perón y
neutralizada la conducción veterana
del movimiento, desarrollaron los peronistas la protesta popular
el régimen
militar. La “Resistencia” fue el mito central sobre el que se basó posteriormente
el discurso de la izquierda peronista, mientras que la exclusión del
sistema político
legítimo
empujaba a la radicalización ideológica
de los fieles al viejo proyecto nacionalista y a la nueva generación de
jóvenes
peronistas, que veían
en la Revolución Cubana
y la teoría del
Foco Revolucionario su modelo estratégico.
Las diversas facciones guerrilleras que se identificaban como peronistas,
habían
obtenido durante la década
de los años
sesenta el apoyo del líder
exilado, que veía en
ellos un arma importante en la lucha que conducía contra
los regímenes
argentinos para retornar al país y
al poder. En esos jóvenes
veía tambien
el agente que podría sobreponerse
a la burocracia sindical, fuente de peligro a su liderazgo indiscutido
sobre el movimiento todo. Estas
viscisitudes causaban serias tensiones internas en el movimiento
peronista y la cristalización de
facciones políticas
encontradas. Sobre este transfondo, se formó en
1968 el Grupo Cine Liberación, donde
jóvenes
activistas crearon una herramienta cinematográfica
con la cual podrían
incorporarse a la lucha revolucionaria que desarrollaba la emergente
guerrilla. En “La hora de los hornos” (1968), primer película
del grupo co-dirigida por Fernando Solanas y Octavio Getino, los
postulados de la Izquierda Nacional fueron expresados en una versión acorde
con las nuevas corrientes
ideológicas
y filosóficas.
La película
transmite en imágenes
de gran impacto emocional e intelectual, una aspiración a
destruir el discurso oligárquico-liberal
y reemplazarlo por otro, peronista revolucionario que convoca a
una alianza del proletariado con la burguesia y los estudiantes.
La cámara
filmadora disparaba veinticuatro cuadros por segundo. Posteriormente
se alejó el
grupo de la “teoría del
foco” y sus miembros se incorporaron a la actividad política
en el seno de las organizaciones sindicales peronistas de izquierda.
Con el retorno del peronismo a la legalidad en 1973, llegaron algunos
a posiciones directivas en la actividad cinematográfica.
Otras
películas
que dirigió Solanas
con el Grupo Cine Liberación,
“Actualización doctrinaria
para la toma del poder” ,
nuevamente con Getino, y “Los hijos de Fierro”,
propagaban los mitos de la izquierda peronista en una lenguaje que
resaltaba la imagen de Perón como
líder
único
inclinado hacia posiciones de izquierda, y presentaba a la izquierda
peronista como única
corriente política
fiel a las raices obreras populares del movimiento. “Actualización doctrinaria
para la toma del poder” era un largo reportaje a Perón cuya
estética
manifestaba los principios de “verticalidad” paralelamente al “giro
a la izquierda” retórico
con el cual el lider se reacomodaba en el alza mundial de la agitación social.
Era también la
manipulación de
su imagen
por la izquierda peronista. “Los hijos de Fierro” ofrecía una
interpretación actual
del poema nacional donde el lenguaje poético
y metafórico
presentaba una visión alternativa
de la historia argentina reciente, apropiando para el discurso alternativo
una obra literaria que se había convertido
en objeto de lucha simbólica
central en la cultura argentina. Las películas
hechas por Grupo Cine Liberación fueron
producidas con escasez de medios y en un trabajo grupal que contradice
el mito del “creador individual” en términos
burgueses. Eran distribuidas en circuitos políticos
alternativos a los circuitos de la distribución comercial
dominados por los monopolios de Hollywood. De esta forma, la actividad
del Grupo subvertía las
instituciones cinematográficas
argentinas mientras tomaba como fuentes la tradición del
cine testimonial que había aparecido
en los años
cincuenta. En sus textos teoréticos,
el Grupo manifestaba una concepción fílmica
emparentada con el discurso de la Dependencia y las luchas de liberación del
Tercer Mundo. Cuando
el peronismo obtuvo al poder legal en 1973, el liderazgo sindical
y la derecha peronista lograron neutralizar las conquistas de la
izquierda, que adolecía de
una combinación de
ingenuidad y oportunismo. Perón se
desvinculó de
la corriente revolucionaria y se desató una
guerra de exterminio físico
mutuo entre ambas facciones del movimiento peronista. El golpe militar
de 1976 que puso fin al régimen
constitucional aniquilando a las organizaciones de izquierda, a
la guerrilla y a víctimas
inocentes, obligó a
Solanas y otros miembros del Grupo a salir al exilio. El Grupo Cine
Liberación se
desbandó y
no volvió a
actuar como cual. Solanas encontró asilo
en Francia, donde la incomprensión de
su identidad peronista por la izquierda europea lo hizo vivir el
significado del exilio cultural y le impidió dirigir,
salvo una documental que pudo realizar en esos años. La
producción de
“Tangos, El Exilio de Gardel” comenzó hacia
el final de la dictadura en Argentina, donde fue completada en 1985,
ya reinstalada la democracia. En un estilo teatral y surrealista,
combinado con destellos de realismo fantástico,
se emite en este film una nueva comprensión de
las necesidades individuales sin exaltar la lucha proletaria revolucionaria,
junto con un tratamiento metafórico
en el cual los mitos nacionales, Gardel y San Martín,
se enfrentaban con la imposibilidad del Proyecto Nacional Inconcluso
que la izquierda había postulado. Retornado
al pais, expresó Solanas
su apoyo activo al partido peronista, que por primera vez había perdido
una elección democrática.
Durante 1989 realizó “Sur”,
donde se ponían
en cuestión en
forma poética
los dilemas del retorno a la vigencia de la constitución,
la confianza en una autocrítica
del peronismo y la esperanza de una renovación del
Proyecto basado en la tradición de
la izquierda. La película,
una compleja construcción estética, consideraba la lucha obrera poniendo acento
en la reconciliación nacional
y la tolerancia, resultado de la experiencia histórica
de los dos exilios: el destierro y el exilio interno en las cárceles
y la desmovilización social
impuesta en forma asesina por la dictadura. Frecuentes expresiones
del subconciente y memoria
de los personajes manifestaban procesos de reacomodamiento en la
conciencia social y política
de amplios sectores. Cuando
el recientemente elegido presidente Carlos Menem adoptó en
1990 políticas
neo-liberales, Solanas abandonó definitivamente
el peronismo. La cáustica
crítica
expresada en “El viaje”, estrenada en 1992, presentaba la situación de
Argentina y el continente latinoamericano en la era de la globalización y
la cultura post-moderna haciendo galardoneo de una grotesca caricatura
y una patética
parodia a las elites gobernantes, estilo que el director define
como “grotético”. Fernando
Solanas y la izquierda nacional han experimentado cambios ideológicos
desde “La hora de los hornos” hasta “El viaje”. La idea de la Revolución violenta
ha sido abandonada, la izquierda peronista ya no existe como movimiento
organizado y la izquierda argentina esta fraccionada en una gama
de movimientos y partidos que no logran conformar una alternativa
política
significante. Habiendo actuado en los orígenes
de la actual Alianza de oposición,
Solanas ha optado por retirarse de la actividad partidaria parlamentaria. Las
películas
de Solanas -casi todas premiadas en festivales y concursos- testimonian
los desarrollos que han tenido a lugar en el discurso de la izquierda
nacional. El énfasis
puesto anteriormente sobre la centralidad del proletariado como
eje de la revolución nacional
ha desaparecido, reapareciendo en su lugar el llamado a la solidaridad
continental anti-imperialista y la procupación por
el ser humano individual. El ataque constante a la oligarquía ha
sido reemplazado por la denuncia persistente del papel que juegan
las elites neo-liberales gobernantes que actúan
de acuerdo a los dictados de las instituciones financieras globales.
La propuesta de un modelo definido sobre el cual basar la lucha
por la liberación se
transformó en
convocatoria a elaborar un Proyecto acorde con la situación y
la concepción de
mundo de las nuevas generaciones. El estilo cinematográfico
fue desarrollándose
desde el montage dialéctico,
no sólo
de planos filmicos sino tambien de diversos estilos portadores de
significado político
como el realismo poético
y el cine testimonial, hacia un estilo teatral donde irrumpe lo
surrealista, lo fantástico,
el extrañamiento
brechtiano, el plano-secuencia que revela la situación humana
en su complejidad, personajes caracterizados por una psicología profunda
. Paralelamente hay una persistencia de temas y recursos comunes
a lo largo de esta trayectoria estética:
el enfoque sobre problemas nacionales históricos, la de-construcción de
convenciones genéricas
y de narrativa, el final abierto que convoca a la reflexión y
recuerda alegoricamente el Proyecto nacional y continental nunca
concluido, la apropiación de
productos culturales reconocidos y su implementación retórica,
el “montaje de atracciones” einsenstiano que apunta al impacto emocional
y el despertar de la conciencia, la metáfora
visual, el empleo del sonido en forma ingeniosa, creativa y significativa,
la intertextualidad con las artes plásticas. El
cine de Solanas se alejó de
la lucha armada y se ha transformado en combate cultural. La globalización ha
cambiado las reglas económicas
en forma tal que el anterior Proyecto Nacional formulado por el
peronismo es irelevante. El Socialismo Nacional ya no es mencionado,
pero la aspiración a
la justicia social que brinde respuestas auténticas
a las necesidades del ser humano, continua siendo
el centro del discurso de la izquierda nacional emitido en las películas.
La cámara
ya no dispara 24 cuadros por segundo, pero continúa planteando
las cuestiones relevantes a la Nación Argentina
Inconclusa y convoca a formular un nuevo Proyecto. Esta invitación es
extendida a la luz de la conciencia histórica
enraizada en la ideología de
la izquierda nacional, mediante una estética
que ha devenido en frente de oposición a
la hegemonía cultural
del capitalismo global.
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